Enamorada de una sonrisa

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9. Tedio

La vida de Henry se había tornado monótona, el gimnasio era su desahogo; todas las mañanas antes de ir a la oficina invertía al menos dos horas de su tiempo para ejercitarse. Por la tarde solía visitar a Sofía sin falta alguna; le leía aquel libro que aún conservaba de las pertenecías de la chica, platicaba largas horas con la mamá de Sofía o con los familiares que estuviesen presentes con lo cual podía empaparse del existir de su amiga.

La falta de respuestas a tantas interrogantes que tenía para María hacía que la siguiera buscando. Sin embargo cualquier intento por encontrar su paradero era en vano; María se había cambiado el nombre al ingresar a la clínica y supo por algunas amistades que de hecho se había cambiado de ciudad.

Los meses transcurrían y el aguerrido y guapo caballero ya no era el mismo, una profunda tristeza lo acompañaba siempre. Ya no era el chico dinámico y extrovertido que solía ser, incluso  le  faltaba entusiasmo para realizar con éxito sus tareas en el trabajo. Sin embargo, Lucrecia su asistente se había vuelto su mano derecha y  solía llevar todo en orden; aún con las distracciones de Henry todo parecía marchar correctamente.

El día que Sofía despertó del coma era una mañana de sábado del mes de abril; Henry había estado ausente de la oficina por un unos días por que por algo inexplicable visitar a Sofía le daba sentido a su vida; sin darse cuenta tenía sentimientos mucho más fuertes para hacia su amiga, la sentía parte de sí y sentía que era una de sus razones de seguir en pie. Él no lo supo por un tiempo pero se había enamorado de Sofía poco a poco al verla, cuidarla y conocer cada vez más de quien era Sofía fuera de la oficina.

Estuvo junto a ella cuando regresaba a la vida, le contó gran parte de lo que había sucedido. Le entregó el libro que ambos se sabían de memoria y justo en el reverso de la contraportada estaba pegada aquella fotografía que había tomado de entre los dedos de Sofía la tarde del accidente. Ambos la vieron y ninguno dijo nada al respecto y mucho menos sobre  la nota, todo eso pasaba a segundo plano cuando la pequeña de ojos cafés despertaba de un largo sueño <quería comerse al mundo en un solo suspiro>.

Era tiempo de regresar a la rutina; Henry estaba abusando de su posición en la empresa y se había tomado unos días libres en el trabajo para estar de lleno con Sofía. Mientras Lucrecia se hacía cargo de casi todo, sólo buscaba de vez en cuando al Ing. Gamboa para solicitar aprobaciones y firmas necesarias; pues ella tenía toda la confianza para hacer y deshacer en su nombre.

La sorpresa de Henry fue que el día que regresó a la oficina, Lucrecia se había reportado como enferma dos días atrás; justo el día en que un sobre blanco con sellos ministeriales había llegado a la oficina en donde se citaba al Ing. Henry Gamboa Lozano para que se presentara a rendir declaración del fraude que se había cometido en la empresa y en donde la directiva había descubierto que Henry estaba desviando recursos de la empresa a una cuenta en el extranjero.

Continuará.

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