Enamorada de una sonrisa

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8. La desesperación

La noche que Henry llegó al departamento de María en su búsqueda y se percató que se había ido; se llenó de tristeza al saber que su amada no confiaba más en él y que había sido capaz de marcharse sin él al viaje que juntos habían planeado. Su corazón lloraba al darse cuenta que la maleta roja ya no estaba en donde había estado la última semana mientras había sido preparada con todo lo que necesitaría ella en sus vacaciones.

Lo que a Henry le pareció un tanto extraño fue que María había cargado con sus libros favoritos, su almohada azul en forma de L y sus pantuflas preferidos; pero al final no hizo caso a todo lo raro que notó, el sólo pensaba en que María estaba molesta y él se sentía herido y a la vez culpable pero también un tanto agraviado.

El elegante chico con el corazón contrito; siguió por los siguientes días intentando comunicarse con María sin tener éxito; mientras tanto seguía pendiente de la salud de Sofía a quien a diario visitaba para leerle un poco del libro que había conservado  de las pertenencias que había entregado a su familia.

Para él era reconfortante poder estar con su amiga en esos momentos en que lo que más necesitaba era un poco de tranquilidad para todo el tormento y desesperación  que había en su cabeza y su corazón.

El amor que sentía por María le impedía odiarla o tener un sentimiento negativo para ella; pues la seguía considerando el amor de su vida. Al final aceptó el darle el tiempo que María necesitara para aclarar sus ideas y dejó de insistir comunicarse con ella aunque le quemara las entrañas el saber que estaría en aquel viaje de vacaciones y obviamente le intrigaba saber con quién se había ido.

Los días pasaban lentamente para aquel aguerrido caballero que hacía días no se le veía esbozar su hermosa sonrisa. Sofía estaba en coma en aquella hermosa casa de campo que los tíos habían prestado para acondicionarla como el lugar en donde Sofía sería atendida por sus familiares, enfermeras y un doctor que la visitaba periódicamente.

Las  semanas parecieron ser eternas para todos; en especial para Henry que lo único que había hecho en sus vacaciones fue estar con Sofía para disimular su soledad y tristeza de saber distante a su amada María. Había pasado ya una semana que se suponía María estaría de regreso en casa; Henry se esforzó por no importunar y espero un poco más para buscarla nuevamente.

Su sorpresa fue que al llegar a casa de María todo seguía igual a la última vez que estuvo ahí, lleno de desesperación llamó incansablemente al teléfono de María, nadie contestaba, llamó a la mamá de la chica a su casa, a su celular sin tener respuesta alguna. No dudó en salir en búsqueda de respuestas. Primero buscó con las amistades de María; quienes creían que estaba con él. La mamá de María fue difícil de localizar pues según los vecinos últimamente salía de viaje cada fin de semana; por lo tanto tuvo que esperar al día lunes para poder hablar con ella y saber de María.

La señora se mostró renuente de atenderle al principio; pues tenía que respetar el deseo de su hija de no informar a nadie de lo que estaba pasando. Pero al ver la insistencia y desesperación de Henry; al final accedió atenderlo; para esto ya había solicitado permiso a su hija de hablar con el muchacho. Le contó que estaba en un lugar lejano y apartado en donde estaba tranquila y que había solicitado no saber de nadie y mucho menos que supieran de ella. Y le entregó una nota con la firma de su amada María.

“Henry

Me da gusto que te encuentres bien y agradezco mucho te intereses en saber de mí. Te pido disculpas por no decirte que es lo que está pasando. Simplemente te pido que me permitas estar tranquila y dejes de buscarme. Por ahora necesito paz y tranquilidad para mí, me es complicado explicarte todo y más por éste medio; en un futuro prometo que te comentaré con detalles la situación.

Te amo, eres una persona excepcional y quiero que seas feliz, que la hermosa sonrisa que te caracteriza jamás se apague. Por ello quiero decirte que te dejo libre. ¡Si, eres libre de buscar tu felicidad!; ya que estoy segura que jamás podré ser yo. 

María”

Continuará...

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