Enamorada de una sonrisa

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1. Los destellos

Las primeras lluvias de junio caían cuando se conocieron. Él llegó y fue presentado como el gerente general de la empresa. Ella vivía en su mundo de burbuja y no escuchó su nombre porque estaba distraída. Su nombre no le impactó, tampoco su cara, ni su físico ni su nada <En pocas palabras le era indiferente>  porque solo lo vio y no lo observó <pero no era por él si no porque Sofía  vivía en otra sintonía>

Pasó el tiempo y ella apenas notaba su presencia; no le causaba nada, ni ganas de mirarlo y menos de hablarle. Todos en el edificio, en la cuadra y en la ciudad veían su belleza, su cuerpo escultural y su gallardía.

Henry tenía escasos 28 años, 185 cm de estatura, músculos marcados, tez clara, pelo castaño y un tanto rizado. La mayoría de las chicas hacían lo posible por caminar por donde él caminaba, para coquetearle o para entablar alguna conversación banal con él.

Los días de Sofía eran difíciles, tenía el corazón marchito y un tanto fisurado;  la vida le había puesto pesadas pruebas. Su existir era rutinal y monótono; poco sociable, huraña y evasiva. Caminaba encorvada, hablaba sola, pero era una chica hermosa y de buen corazón solo tenía un miedo tremendo de mostrarse y ser herida.

Los meses transcurrieron y el frío del invierno se sentía cada día más intenso. Cierto día de diciembre del mismo año que se conocieron. Sofía llegó temprano, más  de lo  acostumbrado, entró con un semblante diferente como con ganas de matar la rutina y comerse al mundo; nadie sabía por qué ahora ella tenía un semblante diferente, nadie sabía que muy dentro de ella había tomado decisiones importantes en su vida. Ella misma no sabía si eran para bien o para mal, pero estaba dispuesta a enfrentar al mundo ella sola.

Parecía que la Sofía aburrida y  monótona desaparecía, y muy lentamente se asomaba una Sofía más sociable, sonriente, amable, afable, amigable, cortés, en fin ¡ella era diferente! ¡Se veía diferente, se sentía diferente!

El año nuevo estaba ahí y con ese resplandor de un enero frío pero con un sol brillante; Sofía vio pasar frente a ella a un chico que estaba segura había visto, pero no se había detenido a observar jamás;  quedó impactada y no por su cuerpo, no  por su gallardía  ni por su estatura; lo que Sofía descubrió  fue la más  hermosa sonrisa sobre la faz  de la tierra.

Su corazón palpitaba más rápido de lo normal, sintió un pequeño mareo e  intentó salir huyendo del pasillo adonde se encontraba; todo fue en vano Henry caminaba de frente a ella y si, esa sonrisa era para ella, solamente para ella.

Continuará...

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